¿Que está ocurriendo con la oferta de componentes electrónicos?

Artículo de opinión de Moisés Camarero, Director General del Grupo Compusof, sobre la tendencia a una demanda elevadísima en varias industrias.

Desde el comienzo de la pandemia, el aumento de la demanda del mercado de microchips está afectando a la entrega de soluciones y productos informáticos, además de otra multitud de productos, desde TV hasta coches. ¿Qué supone esto para los distribuidores e integradores como Compusof? La alta demanda de dispositivos electrónicos está creando un efecto embudo en la producción de semiconductores, lo que está incidiendo negativamente en la respuesta a clientes y usuarios.

Las consultoras ofrecen datos explicativos. La demanda actual mundial de PC y portátiles triplica la oferta total existente. Las fábricas de las multinacionales no consiguen satisfacer la avalancha de pedidos y está situación podría prolongarse en los próximos trimestres. El informe anual de Canalys hace referencia a que también el mercado de tablets fue uno de los que más incrementaron sus ventas, con hasta 160 millones de unidades.

La alta demanda está incidiendo en los tiempos de entrega. En portátiles el período estándar ha pasado de cuatro semanas a cuatro meses, lo cual supone graves inconvenientes para un mercado que ve, con cada vez mayor preocupación, cómo está aumentando el tiempo de espera. Además, los precios continúan al alza. Por ejemplo, los paneles destinados a la fabricación de TVs, monitores o smartphones, han incrementado su precio entre un 50% y un 100% en los últimos meses.

El tiempo de fabricación estándar de chips ha crecido de 10 a 20 semanas, un dato que es autoexplicativo. También el transporte se ha encarecido, si contemplamos que los contenedores marítimos, el medio de transporte que más se usa en la actualidad, han pasado de costar 2.500 USD a 10,000 USD de media.

A todo esto, hay que sumar que la demanda de dispositivos informáticos ha repercutido en la cadena de suministro de otros productos no relacionados, como la industria del automóvil que ha tenido incluso que cerrar fábricas por falta de suministro.

La solución pasaría por abrir nuevas fábricas de chips. De hecho, Intel podría instalar una fábrica en Europa, pero para poder llevar adelante el proyecto es necesario la colaboración económica de varios gobiernos y no en escasa cuantía, unos 8,000 millones de USD.

Todo este entramado conlleva un alza de los precios, la frustración de los clientes y la situación expectante de los distribuidores. Durante todo 2021 la situación no cambiará y podría incluso agravarse conforme la demanda aumenta todavía más.

 

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